Desde joven mostró interés por la literatura, la música y el arte. Tras sus primeros estudios en Granada, se trasladó a Madrid en 1919, donde se integró en el ambiente intelectual de la Generación del 27, rodeándose de artistas y escritores como Luis Buñuel y Salvador Dalí. Estas influencias ampliaron su horizonte estético y contribuyeron a la evolución de su estilo único, capaz de unir la poesía popular con la vanguardia.
Su poesía más célebre incluye obras como Romancero gitano (1928), donde explora la identidad andaluza y la fuerza de la tradición popular mediante un lenguaje rico en simbolismo y musicalidad. En el teatro, Lorca desarrolló un profundo interés por la condición humana, abordando temas universales como el amor, la frustración, la libertad y la injusticia en obras como Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.
Lorca también se destacó en la prosa, el ensayo y el dibujo, demostrando una versatilidad artística notable. Sus viajes a Nueva York y Cuba inspiraron obras como Poeta en Nueva York, donde aborda la modernidad, la soledad y la injusticia social desde un lenguaje más experimental y surrealista.
A lo largo de su carrera, Lorca mostró una capacidad única para unir lo popular con lo culto, lo íntimo con lo universal, creando un legado artístico que sigue inspirando a generaciones de escritores, artistas y creadores en todo el mundo. Su obra se distingue por la musicalidad del verso, la fuerza de las imágenes y la capacidad de explorar emociones profundas y universales de manera accesible y conmovedora.