El asesinato de Lorca no solo representó una pérdida personal y trágica, sino también un golpe para la cultura española y la literatura universal. Su obra, que combinaba tradición popular, vanguardia y sensibilidad social, quedó marcada por un aura de intensidad y eternidad, convirtiéndose en símbolo de lo que la represión política puede truncar, pero también de la fuerza duradera del arte y la creatividad.
A partir de su muerte, Lorca se transformó en un referente cultural y en un emblema de la libertad artística y de expresión, su figura trascendiendo lo histórico para convertirse en icono de la lucha por la justicia, la memoria y la creatividad. Su legado permanece vivo, inspirando a escritores, artistas, músicos y lectores de todo el mundo, y recordándonos la vulnerabilidad y la fuerza del arte frente a la intolerancia y la violencia.