Fuertes construyó deliberadamente una imagen sencilla, directa y poco solemne, alejándose de los modelos tradicionales del poeta intelectual. Su forma de hablar, vestir y expresarse reforzaba una identidad auténtica, marginal y libre de artificios. Detrás de esa figura pública amable coexistía una voz literaria crítica, comprometida y profundamente lúcida, cuyo reconocimiento pleno llegó de manera tardía.
Su obra ha influido en generaciones posteriores de poetas y creadores, especialmente en aquellos que buscan un lenguaje honesto, crítico y alejado de los cánones tradicionales. En las últimas décadas, su figura ha sido revisitada y revalorizada desde perspectivas contemporáneas, como el feminismo y la crítica social, reconociendo su papel como autora fundamental de la literatura española del siglo XX.
Hoy, Gloria Fuertes continúa siendo una referencia vigente: una poeta que demostró que la simplicidad también puede ser radical y que la poesía puede habitar lo cotidiano sin perder profundidad ni fuerza expresiva.